viernes, 29 de junio de 2018

La tensión más valiosa

La educación formal tiene esencialmente dos objetivos: transferir cultura de una generación a otra, por un lado. Y generar una nueva cultura, por otro. Si bien parecen dos metas antagónicas son los extremos generadores de la tensión necesaria para que un hecho educativo valioso suceda.
La humanidad se pregunta sobre la vida y asume el riesgo de tener conocimientos provisorios y en constante cambio, pero a la vez quiere conservar en un lugar preciado los hallazgos valiosos.
Esta plasticidad para el pensamiento, para contemplar críticamente el devenir de las cosas, es necesaria (podríamos decir imprescindible) para que el conocimiento avance. Para que el ser humano evolucione en un sentido total, integral. Por ésto es que no valen las ortodoxias, no sirven las adhesiones absolutas a determinadas pedagogías o líneas de pensamiento. Menos a cosmovisiones que no dejan escapar ninguna situación humana sin una respuesta explicativa y unívoca.
Educar es asumir vivir en la tensión entre lo establecido y lo por nacer. Con el vértigo y lo maravilloso que eso implica.

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