La educación formal tiene esencialmente dos objetivos: transferir cultura de una generación a otra, por un lado. Y generar una nueva cultura, por otro. Si bien parecen dos metas antagónicas son los extremos generadores de la tensión necesaria para que un hecho educativo valioso suceda.
La humanidad se pregunta sobre la vida y asume el riesgo de tener conocimientos provisorios y en constante cambio, pero a la vez quiere conservar en un lugar preciado los hallazgos valiosos.
Esta plasticidad para el pensamiento, para contemplar críticamente el devenir de las cosas, es necesaria (podríamos decir imprescindible) para que el conocimiento avance. Para que el ser humano evolucione en un sentido total, integral. Por ésto es que no valen las ortodoxias, no sirven las adhesiones absolutas a determinadas pedagogías o líneas de pensamiento. Menos a cosmovisiones que no dejan escapar ninguna situación humana sin una respuesta explicativa y unívoca.
Educar es asumir vivir en la tensión entre lo establecido y lo por nacer. Con el vértigo y lo maravilloso que eso implica.
viernes, 29 de junio de 2018
jueves, 21 de junio de 2018
El clima es la clave
Fritz Perls decía que cuando uno llega a un grupo humano "se puede sentir el vacío", la característica del "clima" que se vive en el momento de la acción, del intercambio.
Cada conjunto de personas pasa por diferentes estados emocionales, sociales, afectivos, intelectuales... que siempre van mutando. Y esos estados pueden percibirse.
Hay grupos que viven tensos, o haciendo bajo presión. Están los más fluidos, los que se comunican sin conflicto y los extremadamente divididos, de difícil integración.
Creo que una tarea fundamental del líder, en particular del líder educativo, del docente, es contribuir efectivamente a generar un buen clima. Un clima de respeto, de sano intercambio, de crecimiento conjunto...
Si están dadas estas condiciones básicas, la construcción del conocimiento es más sencilla y efectiva. Las dudas se disipan rápidamente, las preguntas surgen con naturalidad... y el conocimiento se va encadenando, va derivando cada vez en nuevas e inesperadas construcciones, que a la vez quedan mejor "ancladas", mejor fijadas en el registro subjetivo... de manera perdurable en el tiempo.
Se puede pensar que el clima es algo secundario al momento de generar aprendizaje, pero la verdad es que allí (en su preparación , en su generación) es donde se juega la calidad y profundidad del hecho educativo.
Cada conjunto de personas pasa por diferentes estados emocionales, sociales, afectivos, intelectuales... que siempre van mutando. Y esos estados pueden percibirse.
Hay grupos que viven tensos, o haciendo bajo presión. Están los más fluidos, los que se comunican sin conflicto y los extremadamente divididos, de difícil integración.
Creo que una tarea fundamental del líder, en particular del líder educativo, del docente, es contribuir efectivamente a generar un buen clima. Un clima de respeto, de sano intercambio, de crecimiento conjunto...
Si están dadas estas condiciones básicas, la construcción del conocimiento es más sencilla y efectiva. Las dudas se disipan rápidamente, las preguntas surgen con naturalidad... y el conocimiento se va encadenando, va derivando cada vez en nuevas e inesperadas construcciones, que a la vez quedan mejor "ancladas", mejor fijadas en el registro subjetivo... de manera perdurable en el tiempo.
Se puede pensar que el clima es algo secundario al momento de generar aprendizaje, pero la verdad es que allí (en su preparación , en su generación) es donde se juega la calidad y profundidad del hecho educativo.
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