miércoles, 17 de diciembre de 2014

La curiosidad es el motor

"Cuando algo te llama la atención, prestale atención" decía Csik*.
En el devenir de la vida estamos en contacto con infinidad de estímulos. La realidad nos plantea interrogantes, nos desafía.
Quizás la vida sea justamente eso: una serie de desafíos, de proyectos, de temas por resolver que permiten el avance continuo de la energía vital.
Los estímulos suelen presentarse como formas inacabadas, como situaciones en las que falta algo...
Es el momento en el que a muchos les surge la curiosidad. Pero no todos le damos cabida, tiempo, espacio, a esa curiosidad naciente.
Dicen que la curiosidad es un rasgo característico de las personas creativas, de los inventores, de los profesionales sobresalientes de diferentes áreas.
Ella habilita el pensamiento alternativo, nos muestra otras puertas que dan a infinitos caminos posibles.
Si no hay curiosidad, no hay descubrimiento. Nadie explora, investiga genuinamente sin curiosidad.
Pero ella puede ser muy molesta. Porque nos desinstala, nos altera los hábitos, nos propone acciones que implican una tolerancia a la ambigüedad y una resistencia a las situaciones de riesgo para las cuales muchas veces las personas no están dispuestas.
Ser curioso, admitirlo y trabajar con los hallazgos de la propia curiosidad es el umbral necesario para poder despertar la curiosidad en los otros.
La curiosidad, como puntapié inicial del partido de la creación, tiene la función de encender procesos que, en el mejor de los casos, parirán aprendizajes.

*Csik: ("Chic" para sus colegas de la Universidad es Mihaly Csikszentmihalyi).

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